12/4/20

Garin y sus amigos - Capítulo 1: "El inicio de una búsqueda."


Capítulo 1: "El inicio de una búsqueda."





—Rayos. No encontré nada de comida en este basurero. ¿Y ustedes? —Un perro pastor alemán se encontraba hurgando en la basura en busca de algo que pudiera comer.
—Yo menos. Esto está cada vez más seco. —respondió un husky siberiano que revisaba el contenedor adyacente.
—Yo creo que tengo algo —comentó un perro salchicha que observaba el contenedor más lejano—. Sí. Miren, dos porciones de pizza fugazzeta. Pura asquerosidad.
—¿Asquerosidad? Oye, al menos es comestible. —contestó el pastor alemán.
—Sabes que odio la cebolla. A mí me encanta el chocolate.
—¡Encontré una cáscara de banana, selfie! —Un perro galgo tomó su teléfono celular para tomarse una autofoto.
—Vamos, Arturo. Deja el maldito celular aunque sea por un minuto. —exclamó Garin, el pastor alemán.
—Lo siento, pero estos teléfonos inteligentes son una adicción. —respondió el can que nunca se alejaba de aquel aparato tecnológico.
—¿Qué hay de ustedes dos? —preguntó Max, el husky siberiano, a otros dos que estaba totalmente desaparecidos, pues se habían metido completamente dentro de los contenedores.
—Sigo con mi mala suerte de siempre, soy una inútil. —Una perra collie llamada Teresa, asomó la cabeza, desparramando toda la basura con ella.
En total silencio, sin siquiera realizar algún tipo de gesto con la cara, un sexto perro entregó una bolsa al pastor alemán. Este era un pitbull llamado Sebastian. Siempre estaba muy callado y nunca hablaba ni expresaba nada, tan sólo realizaba un pequeño gruñido cada tanto.
—Amigos, miren. El mudo encontró comida suficiente como para comer esta noche y también mañana. —comentó Max.
—Eres mi ídolo, Sebastian. Déjame darte un abrazo. —El galgo se acercó para darle la mencionada muestra de afecto al pitbull, pero antes de que pudiera hacerlo, un musculoso puño del callado, golpeó su largo hocico.
—Gracias, Sebas, ahora fijémonos cuanto hay aquí para poder repartir las raciones. —El husky abrió la bolsa. Ahí habían dos pizzas fugazzetas enteras, una bandeja con menudencias de pollo, tres porciones de spaghettis con salsas en recipientes plásticos cubiertos, varios tacos con gran variedad de rellenos, una botella de leche, y algo que llamó mucho la atención de todos: un botón rojo pegado a una computadora portátil incendiada.
—Bueno, este último hallazgo es bien raro, pero la comida está vencida de hace unos muy pocos días, asi que no está mal. —dijo Garin, el perro pastor alemán.
—Sí, es una lástima que deban darnos todo antes de que empecemos a golpearlos. —dijo un perro ajeno al grupo, que tenía una voz muy ronca.
—Oh no, miren. Son los pandilleros del barrio: Kevin, Brian y Jonathan. —Asustada, la perra collie señaló a tres rottweilers con lentes de sol en sus ojos, y pañuelos negros cubriendo su cabeza.
—¿Con ganas de molestar otra vez? —preguntó Garin de manera burlona.
—Esta vez no estamos para sus jueguitos. Vamos a moler sus huesos para convertirlos en harina que se venderá a las cachorras exploradoras, para que ellas hagan sus croquetas para perros. —contestó uno de los canes malhechores.
—Son muchos 'para'. Habla mejor que no somos ningunos niños. Aunque, de ninguna manera, mis huesos van a ser estúpidas croquetas. Tengo la esperanza de que, cuando muera, mi esqueleto entero se transforme en un colmillo de mamut.
Sin decir ni una palabra, como siempre, Sebastian avanzó dejando a todos sus amigos detrás, y acercarse hasta los tres rottweilers. Cinco minutos después, él regresó dejando tras de sí, el paisaje del trío de perros pandilleros, desmayados a golpes.
—Bueno... —comentó Garin sorprendido—...supongo que ahora podremos comer tranquilos. —Los alimentos fueron repartidos entre los cinco antes de que fueran a dormir en ese mismo callejón.
***
Una nueva mañana inició. El quinteto de canes despertó muy descansado luego de dormir durante esas nueve horas. En cuanto abrieron los ojos todos se dieron cuenta de algo que había allí, pero fue Max, el husky, el primero en mencionar algo al respecto.
—¿Y esto? —preguntó mirando a aquella caja marrón.
—La verdad, no tengo ni idea, pero me mata la curiosidad. Vamos a abrirla. —exclamó Garin.
—¡No! Eso no nos corresponde, debemos llevarlo hasta su legítimo dueño. —La perra collie interrumpió el cometido del pastor alemán.
—¿Y si llegara a ser comida? ¿Acaso pensaste esa posibilidad? —Sin dejarse detener por nadie, Max abrió la bolsa en la cual decía que el destinatario era alguien llamado Edwin, revelando el contenido en su interior.
Una especie de caja metálica gris, con varias monedas insertadas en ella y pareciendo relieve de la misma y, en uno de los costados, había una pequeña pantalla de, aproximadamente, unas cinco pulgadas, junto a un conector con la señalización "HDMI-O".
—¿Qué se supone que sea esto? Nunca en mi vida vi algo así...aunque tampoco es que haya vivido mucho aún. —Arturo, el perro galgo, estaba lleno de dudas acerca del misterioso aparato que ahora tenían enfrente.
—¿Tal vez fusionaron una alcancía con una televisión portátil? Parecería ser, más bien, una computadora antigua. Como sea, lo mejor será llevarlo a su destinatario, aunque primero me gustaría saber qué es. ¿Alguien conoce algún conocedor de tecnología? —dijo Garin mientras observaba el extraño objeto detenidamente.
—Yo conozco a una persona que tal vez podría decirnos algo, sobre este aparato, y sobre donde podríamos encontrar a su dueño. —comentó Patrick, el perro salchicha.
***
Tras una caminata de cinco minutos, el grupo de canes llegó finalmente, a una librería que tenía varios carteles de ofertas.
"Tres por $10."
"Colección Stephen King por $20."
"Solo por hoy: 'Sissyfícame', el libro escrito por la vendedora de esta tienda, por $5."
Junto a muchas otras promociones similares.
Una vez que ingresaron al local, fueron atendidos por un travesti con cabello teñido de rosa que se mostraba bastante desanimado.
—Buenos días, que se les ofre... —El travesti detuvo su saludo en cuanto vio al perro salchicha—...¡Patrick, amigo mío! Que lindo es volver a verte. —Corrió y lo alzó en sus brazos.
—¿Alguien que atiende una librería puede ayudarnos con un asunto tecnológico? Estoy algo confundido. —Garin miraba hacia todos lados, buscando alguna señal de que fuera una persona que pudiera resolver sus dudas, pero encontró alivio al avistar en una pared, y a mucha altura, muy cerca del techo, varios posters pertenecientes a videojuegos ochenteros y noventeros.
—Así es, amiga. Te necesitamos por una consulta —Patrick regresó al suelo y le mostró el extraño aparato—. Encontramos esto tirado en la calle, queremos saber qué es y a quién crees que le pueda pertenecer.
—Déjame ver —El travesti revisó ese aparato que, a los ojos de los perros, era algo nunca antes visto —. Ajá, se trata de una Panther ATM-2035. Un invento reciente de los rusos. Desconozco para qué servirá. Si buscan a su dueño, lo único que les puedo decir, es que debe estar relacionado a asuntos militares y políticos. Deberán buscar a alguien que sepa más de ese mundo.
—Política y bélico...¿conocemos a alguien que reúna las tres características? —preguntó Garin.
—¿Y cual es la tercera? Solamente mencionaste dos. —dijo Max, el husky.
—Que no nos odie. —respondió el pastor alemán.
—Soy muy amigo de un diputado provincial. ¿Qué me dicen, muchachos? —consultó el perro salchicha.
—No quería estar tan involucrado en la política, pero si no hay alternativa, vamos a él. —Con la aprobación de Garin, los seis canes salieron de aquella tienda de libros poniéndose de camino al congreso, ubicado a unas cuantas cuadras de ahí.
Durante su trayecto, en el cual debieron atravesar toda el área comercial de la ciudad, tuvieron un pequeño obstáculo que los hizo detenerse por unos momentos.
—Ja, ¿creyeron que les íbamos a dejar pasar lo de anoche? ¡Nunca! Esta vez venimos para recuperar nuestro honor. —Se trataba de los pandilleros y grandes rivales de los seis amigos: Kevin, Brian, y Jonathan.
—¿Les digo la verdad? Sabía que volverían, por eso les preparamos una paliza especial de parte de Sebastian. 'My broda', adelante. —Tras las palabras de Garin, el perro pitbull avanzó y, tomando provecho de su fornido cuerpo, molió a golpes a el trío molesto, haciendo que volvieran a huir corriendo y quejándose del dolor.
—Siempre lo digo, mejor tenerlo de amigo que de enemigo a este perro. —comentó Max. Luego de algunas risas, el grupo continuó su caminata hacia el congreso.
Cuando llegaron al majestuoso edificio antiguo, un oficial de seguridad les pidió que se detuvieran ahí. Tras revisar a todos los perros, a excepción de Patrick, a quien solo le dio un abrazo de amigos, ingresaron al lugar.
Caminando a través de los pasillos con suelo de madera, llegaron hasta una especie de oficina donde se encontraba la persona que estaban buscando.
—¡Patrick! Que alegría me da verte de nuevo, viejo amigo. ¿Cómo te ha tratado la vida? —El perro salchicha y el hombre se abrazaron.
—Bueno...me golpeó un par de veces, pero me recuperé. Por cierto, vinimos a verte porque queremos respuestas sobre un extraño aparato que encontramos y queremos devolvérselo a su dueño. ¿Tu sabes algo acerca de esto? —Le mostró el misterioso artefacto que aún no comprendían muy bien.
—N-no puede ser. ¿Qué hacen ustedes con esto en sus manos? No es un juguete —El hombre corrió hasta el aparato y, rápidamente, lo tomó en brazos—. Esto pertenece al gobierno de Rusia y se declaró un delito el tenerlo o manipularlo sin autorización escrita. Lo siento, ustedes son mis amigos, pero la ley lo dice: ¡Policías!, llévenselos. —ordenó.
En seguida, un grupo de custodios del lugar, se llevaron esposados a los seis perros y se fueron tan pronto como llegaron.
Unos momentos después, otro perro llegó a la oficina. Este era un pastor alemán, al igual  que Garin, pero lucía muy sucio, lastimado y largaba un hedor inaguantable.
—Parece que, al fin, tuviste el coraje necesario para sacármelos de encima. Ahora entrégame el aparato, yo se lo llevaré hasta mi amo. —Completamente atemorizado, el hombre le entregó dicho objeto al extraño perro.

Continuará...