Capítulo 5: "Esfuerzo final."
—N-no. No puedes quitarme mi cargo, soy el único que puede darle fin a esto. Soy el único perro capaz de terminar con esta locura. —Quien estaba a cargo del dispositivo, empezó a enloquecer con la posibilidad de ser desplazado del proyecto de gobierno para quitarle la mutación a los animales del mundo.
Rápidamente se detuvo cuando vio de quién provenía el ladrido que había oído. Se trataba de la misma perra collie que conocían los cinco amigos enjaulados, quienes se alegraron mucho de verla bien, a pesar de no poder demostrarlo con palabras. El antiguo encargado del dispositivo, lanzó el botón rojo hacia Teresa, pidiendo que, si quería liberar a sus amigos, presione el botón...pero algo sucedió. Ella no hizo tal cosa, solamente se quedó mirándolo y girando la cabeza en señal de curiosidad.
—Ja, pero que tonto soy. Es verdad que perdió su mutación, no puede hacer nada...ni hablar —El pastor alemán herido estalló en una carcajada—. Soy un genio imparable.
—Oye, genio imparable, creo que te olvidas de algo. Si tanto te parecemos unos monstruos los animales mutados, entonces tú también eres uno. Tú también eres un perro que habla y hace cosas de humanos. —Una extraña voz provino desde detrás del aparato con el brillante tubo celeste. Se trataba de uno de los pandilleros que molestaban a Garin y los demás. Los otros dos también estaban con él.
—Aunque seamos enemigos de tus últimas seis víctimas, también queremos quedarnos así, por lo que ellos y nosotros tenemos un enemigo en común: tú. —dijo el segundo rottweiller pandillero.
—Te daremos un poco de tu propia medicina. —El tercero, bajó una palanca azul y un rayo de esa luz celeste salió disparada hacia el can malvado pero logró evitarla saltando hacia atrás, lo que le dio una gran sorpresa. La perra collie que creyó había perdido su mutación, se encontraba con una pata sobre el botón rojo y, a la izquierda de él, los otros cinco liberados.
—¿¡Qué!? ¿Cómo es posible? —preguntó alterado el creador de la trampa.
—Soy muy peluda, asi que necesitaba una descarga mucho más potente para perder mi mutación por completo. ¿Cómo es que no supieras algo así cuando tú eres el creador? —respondió Teresa muy confiada.
—Imposible, no puede ser...debía funcionar... —El perro llamado Jere, se puso demasiado nervioso, tal vez sin notar que, detrás de él, Sebastian se encontraba con una pata delantera en el aire, preparado para darle un golpe que le asestó en cuanto tubo la oportunidad, dejándolo desmayado en el suelo.
El hombre parcialmente escondido en las sombras, empezó a correr para huir del lugar, pero los tres pandilleros fueron a por él.
—Ese tipo es nuestro, ustedes encárguense de la máquina. —gritó Kevin, el primero de los cholos.
Los seis amigos corrieron hasta el dispositivo, pero no encontraron forma de apagarlo, pero Patrick se quitó la cinta en su hocico para poder decir algo.
—Miren esos caños que van hacia arriba. Se conectan directamente con un satélite. Si mi memoria no me falla, con el mismo que transmite televisión. Debemos atascarlo con algo para causar que siga enviando energías hacia allá. Por cierto, está decidido. Pido perdón por haberme comportado como un estúpido. Es verdad que disfrutamos mucho de esto, somos un milagro. Perros que hablan...debemos quedarnos así para siempre. —comentó el perro salchicha.
—Muy bien, pero...¿cómo van a detenerlo? —consultó Teresa.
—Tú vas a hacerlo. Los perros collie tienen mucho pelaje, si te lo quitas y lo colocas ahí, la energía dejará de fluir, causando la sobrecarga y explosión en la máquina.
—No puedo, soy una inútil que no sirve para nada. ¿Por qué tienen que poner su confianza en mí?
—Escucha —dijo Garin lanzando lejos la cinta que le impedía hablar—, ¿de verdad crees que eres inútil? Todos somos útiles para algo, todos nacimos para cumplir un rol particular en la vida. Nosotros estamos liberados gracias a que tú presionaste ese botón rojo, ya que, aunque nos hubiéramos quitado las cintas para decir la contraseña, sabía que eso no haría nada. Sino, se hubiera abierto cuando él nos la dijo. Si nos salvaste una vez, puedes hacerlo dos veces. Deja de decir que eres una inútil. Hoy es tu turno de ser la heroína de esta historia.
Las palabras de Garin dibujaron una gran sonrisa en Teresa, quien se acercó decidida a la máquina. Aprovechando un hueco en uno de los caños, empezó a quitarse su melena y lanzarla por ese agujero hasta el punto de quedar mayormente pelada. Es artefacto empezó a sacudirse cada vez más fuerte y los seis corrieron para escapar a la explosión de la cual lograron escapar a tiempo, pero un escombro de la máquina caída directo hacia Garin, aplastándolo.
—¡No! —exclamaron Max y Patrick. Los otros cinco regresaron rápidamente y corrieron el trozo metálico, dejando al descubierto, sólo una moneda plateada.
—Pobrecito, se transformó en moneda. Al menos voy a poder llevarlo siempre conmigo...en mi cuenta bancaria. —comentó Arturo.
—Oigan, no me transformé en moneda, esa se me cayó del bolsillo. —dijo repentinamente Garin, asustando a todos con su aparición detrás de ellos.
—¡Ay!, ¿cómo es que te salvaste? —preguntó Max, muy curioso.
—Agilidad de pastor alemán... —suspiró—...parece que ganamos —señaló con su hocico a la policía llevándose a Jere y al hombre oculto en la oscuridad—. ¿Ahora ya no debemos preocuparnos más por esto?
—No, eso está totalmente destruido. Al menos por ahora, puedo asegurar que estamos a salvo. —respondió tranquilamente, Patrick.
—Bueno, ¿qué me dicen si vamos a festejar la victoria? —propuso Garin.
—Me parece genial. ¿Tacos, tequila y pan de muerto?
—Mejor que sea pizza y una bebida gasificada sabor cola. La de esas botellas rojas que tiene dos letras 'C'. —dijo Max.
—Prefiero ensalada y jugo exprimido de naranja. —ideó Teresa.
—No, que sean spaghettis con salsa y un buen vino. —lanzó Arturo.
—¡Que sean todas menos la idea tonta de Teresa. —Los seis corrieron alejándose de la plaza, riendo y saltando de alegría.
Ahora que todo se había solucionado, eran felices una vez más, y así siguió por mucho tiempo más.
***
—Si se me permite, quiero brindar por la paz entre humanos y animales mutados. Porque ya pasó de moda tener un gato o perro mascota. Ahora la onda es tener en tu casa un dragón, un unicornio, o un minotauro. —dijo Garin.
—Yo brindo por el brusco pero excelente cambio en la fauna mundial gracias a las mutaciones. Ahora no necesito buscar fósiles para investigar paleontología, tan sólo debo hacer un safari. —comentó Max.
—Yo pienso darle mi espacio a los políticos tan modernos. Por fin los perros somos considerados ciudadanos, con nuestros derechos incluidos...malditos sean, ahora debemos ir a votarlos cada cuatro años nosotros también. —exclamó Patrick.
—En mi caso, pienso brindar por la comida mexicana, porque me gusta bromear a Garin con eso. —lanzó Arturo.
—Sebastian, es tu turno —Patrick posó sus ojos en el pitbull, quien simplemente respondió haciendo alarde de la musculatura de su cuerpo—. Creo que brinda para que siempre haya idiotas a quienes pueda golpear.
—¡Salud! —gritaron al unísono todos, empezando a consumir la bebida servida en un medio coco, que se tomaba a través de una pajilla decorada con una sombrilla.
Las risas estallaron. Ya no tenían nada de qué preocuparse, sus vidas iban a ser muy felices a partir de ahora...o tal vez no tanto.
Las risas estallaron. Ya no tenían nada de qué preocuparse, sus vidas iban a ser muy felices a partir de ahora...o tal vez no tanto.
—¿Alguien escuchó ese rugido fuerte lejano? —preguntó Garin.
—¿A qué te refieres? —Max volteó a ver al pastor alemán— Acaso no será...
Continuará...
