Capítulo 12: "Charla lagrimera."
Bueno, llegó la hora de empezar a preparar todo el asado completito para el rey, su familia, y sus invitados. ¿Que por donde empiezo? Pero es obvio papá, lo primero que se debe hacer siempre es colocar en la parrilla un poco de carbón o leña. Tengo acá algunos pedacitos de troncos cerca, eso va a servir. Después de eso, algo de papel, avivador de fuego, y por último un encendedor andando excelente...pero esas tres últimas cosas no las tengo.
—Che, Freixla, ¿tenés vos algo de papel y un encendedor o algo parecido para prender fuego? —No lo creo, acá son todos prehistóricos...bueno, medievales. Igual no es como si hubiera mucha diferencia. Acá no hay televisión, no tienen fútbol, y la única música que escuchan son algunos conciertos de ópera. Menos mal que me entretengo haciendo esto, porque sino me hubiera suicidado de cincuenta maneras diferentes. Posta lo digo.
—Déjame a mí. Yo me encargo de eso —Ella se acercó, extendió sus manos y creó una especie de hilera de fuego que iba desde las palmas hasta la leña que puse en la parrilla—. Con eso deberías tener fuego suficiente para todo el día. Parece que aquí no tienen mecheros ni papel para avivarlo. —Admirando como las llamas ardían, ella se retiró y volvió a lo suyo...que no se muy bien que estaba haciendo. Parecía como si estuviera cortando papas...o por hay eran paltas.
—¿Qué estás haciendo vos? Veo que cortás algo, decime si te puedo ayudar un poco hasta que se tranquilice un poco el fuego de la parrilla. —Sin alejarme de ese hermoso instrumental de cocina, me la quedo mirando fijamente para poder prestar mas atención a su respuesta.
—Estoy cortando cebollas para el relleno de las empanadas santiagueñas. Si quieres, puedes venir a ayudarme. —Eso explica por qué sonaba como si estuviera llorando. Por un momento pensé que había recordado algo traumático...y yo ni en pedo me la banco en ese estado.
Sin dudarlo ni por un instante, me acerqué a donde estaba ella, agarré un cuchillo, y arranqué con todo. Hacía mucho que no cortaba cebollas...voy a llorar como un puto bebé de mierda. No quería que ella me viera de esa forma, pero veo que eso no va a poder ser. Todo sea por esas empanaditas deliciosas...y por la otra empanadita. Ja.
—Por cierto, ¿cómo era tu vida allá en el anterior mundo antes de venir aquí? ¿Allá también había las cosas que tenemos aquí, o era totalmente diferente? ¿Cuántas razas diferentes viven en tu mundo? Me interesa conocer mas de aquel lugar. —Tranca, despacio. Me va a matar con tantas preguntas.
—Mi vida era casi una mierda. Vivía en una casa chiquita en una pared sin pintar con el cemento a la vista, la puerta la manteníamos cerrada gracias a una soguita, y casi no tenía ventanas. Además de eso, la compartía con una esposa que era insoportable. A pesar de que me quería, se la pasaba gastando todo mi dinero en estupideces caras que ni lo valían. Pocas veces valoraba logros míos. Lo nuestro estaba muy gastado, pero era nuestro pequeño gurí lo que nos mantuvo unidos. Levantarse cada mañana con esa tierna sonrisita era mi principal motivación para seguir viviendo. —Sí, acepto que mi vida no era la mejor, pero sé perfectamente que se puede estar aún peor.
—Vaya. Su historia es algo muy triste y profundo. No sabía que la vida allá la tuvieras tan difícil...o quizás es sólo que yo la he tenido demasiado fácil. Por ser la hija de una poderosa deidad, me dan todo y me satisfacen todos los caprichos. La verdad, me gustaría poder llevar una vida normal como la de cualquier otra persona, como la de alguien como tú. Es por eso también que elegí ayudarte con este proyecto tuyo. Preferí mantenerme lejos de todo por un tiempo, y descansar de esa vida de lujos. —A la mierda, no creí que alguien pudiera pudrirse de tener una vida tan acomodada, pero supongo que todo te cansa si lo tenés en exceso o demasía.
—Y habiendo muchas personas, me elegiste justamente a mí. Muchas gracias por elegir acompañarme. Me ayudaste mucho al acostumbramiento a este nuevo mundo. Aunque extraño mucho a mi gurí, me gustaría poder volver a verlo aunque sea una última vez para poder despedirme de él como corresponde. —...N-no estoy llorando, es sólo que estoy cortando cebollas, ¿acaso no dije eso mas arriba?
—Entre todos te elegí a ti en un principio porque los dioses que te invocaron a nuestro mundo me enviaron a mí para mantenerte vigilado. Y ahora que estoy contigo y te conozco mejor, hubiera sido muy tonta si me iba a buscar la vida normal que yo tanto quería, con otra persona. —Ella empezó a llorar, pero sus lágrimas no eran producto de las cebollas, esas sí que eran de lo emotivo que resultaba la conversación que estábamos teniendo.
—Entonces, gracias por aceptar vigilarme a mí. Esta no la voy a olvidar nunca. Por cierto, esa creo que fue la última cebolla. Las terminamos de cortar bastante rápido, aunque eran demasiadas. Tengo los brazos un poco cansados, paso a descansar. —Suelto el cuchillo en la mesada y agito un poco los brazos para aliviarlos.
—Para nada, dijiste que me ayudarías a cortar todas las cebollas, y esto es solo un cinco por ciento de todas las que hay. Lo siento, pero vuelve aquí para seguir con esto. —La puta que lo re mil parió. ¿En donde mierda tiene guardadas tantas cebollas? Al menos le saco algo bueno a esto, era lanzó una fuerte carcajada...que risa tan hermosa.
—Me estás jodiendo, ¿no? Ni en pedo sigo cortando, andate bien a la mierda. —Le di la espalda y empecé a caminar en dirección a la parrilla, pero la sentí correr hacia mí y abrazarme por detrás.
—Claro que es una broma, tontito. Esas eran todas. Ahora vaya con ese fuego y empiece con la preparación de la carne que formará parte de la mejor cena que haya tenido el rey en toda su vida. —Todo el drama de hacía unos instantes, desapareció por completo. Ella está llena de energía, parece que la hubieran enchufado a 220.
Bueno, ya tuvieron la chance de conocerme un poquito más, ¿y ahora que mierda quieren ustedes? Yo no sé que mas contar por ahora, asi que termino este capítulo acá para volver a avisarles si pasa algo interesante.
Continuará...
