17/4/20

Soy un parrillero argentino que llegó a otro mundo - Capítulo 13: "Banquete para el rey."




Capítulo 13: "Banquete para el rey."


Bueno, queridos lectores. Los voy a poner al día. Pasaron ya ocho horas de encierro en la cocina del castillo y el asado está casi listo. Lo único que falta es que Freixla termine de preparar las empanadas santiagueñas. Ah, y que se termine de levar la masa para hacer el pan de los choripanes. ¿Algo más? Me parece que no, eso es todo. Bien, ya saben lo que pasa, ahora ya puedo terminar el capítulo...ja, ja, ja, ¿de verdad creyeron que esto sería algo tan corto? Por favor, si tengo muchas cosas para este fragmento de mi historia. Empecemos.
—La concha de tu madre, me cago en esta puta levadura de mierda inútil que no sirve para nada. A este paso los choripanes los vamos a tener para el próximo siglo. —Sí, la lentitud con la que está levando la masa, me tiene bastante desesperado, aunque esta vez, creo que estoy en un extremo muy grande de ese sentimiento. ¿Ira? Para nada, yo nunca me enojo...malditos bastardos los que fabricaron esta levadura barata, les voy a partir la geta de una trompada.
—Puedo preguntar a alguien si tienen pan que les sobre de la merienda a la nobleza. Pero vale aclarar que es baguette, cuando yo creo que necesitás algo mas pequeño. De todas formas, podemos cortarlo para adaptarlo a lo que necesitamos. ¿Quieres que vaya? —A la mierda, ¿y por qué no dijo esto antes?
—Sí, andá a buscar. Lo necesito ya mismo. Fijate también si podés traerme un poco de chimichurri, y de queso tipo Mar del Plata. ¿Puede ser? —Ella me lanza una mirada desde la puerta como diciendo: "¿Es en serio que me decís?". Si es en serio, tarada.
—Dudo mucho que tengas las dos últimas cosas, pero no dejaré de preguntar, señor. Aquí es mas común el queso mozzarella, ¿ese le va a servir? Es mas probable que consiga ese. —Bueno, por mí está bien, ya que después de todo, el queso lo quería para comer yo. Llevo todo el día sin satisfacer mi panza cuando la tengo acostumbrada a los atracones de choripanes.
—Sí, vos dale con ese o con cualquier otro tipo de queso menos el roquefort. Ese es horrible. —¿Miento o no? A nadie le gusta el roquefort. Si estuviera en mi anterior mundo, me inventaría un hastag para esto, porque dudo mucho que se pueda usar Twitter acá.
Pasaron, mas o menos, unos veinte minutos hasta que Freixla volvió. Tenía sus manos llenas de cosas, aunque no parecían precisamente lo que yo había pedido. A ver si puedo observar que es lo que tiene. Hmm, ¿hay un dulce de leche? Veo una salsa, ¿será el chimichurri? También alcanzo a ver un frasco de mermelada, otro de miel, un paquetito violeta que me recuerda a los chocolates que tenían una vaca en su logo, ¿un pote de helado?, y un paquete de yerba mate. Bueno, al menos vamos a tener algo para tomar.
—Estos son ingredientes que sobraron de la preparación del almuerzo y la merienda en la otra cocina. Me dieron directamente todo lo que tenían. No sé si te servirá algo de todo esto. Esa salsa es algo parecida al chimichurri, solo que le falta un condimento, aunque no me dijeron cual. Es una receta exclusiva para los almuerzos del rey y ningún plebeyo puede comer algo con esto. Ya si le agregas ese condimento, será otra cosa y podrá comerlo cualquiera. —Bueno, lo importante es que, al menos, tendré algo para ponerle a los choripanes y que no los coman sin nada. Ahora toca saber qué es lo que falta para agregárselo para que también puedan disfrutar esto los invitados.
—Bien, ¿alguna idea de qué es lo que puede estar faltando en esta versión de la salsita? —No creo que ella sepa, pero por las dudas, pregunto. Por hay tengo la suerte de que me sorprende diciéndome todo con lujo de detalles.
—Le falta provenzal, y déjame decirte que nunca encontrarás eso. Al menos en este continente, no existe el ajo, y creo que en todo este mundo se encuentra ausente. Es algo que todavía no se descubrió o que directamente nunca fue creado por los dioses superiores. Mala suerte, pero por lo menos, sí tenemos perejil y aquí mismo. Asi que podemos asimilarlo un poco y además podrá ser consumido por cualquier persona. —Entiendo. A darle entonces. No va a ser lo mismo, pero se va a parecer, y yo estoy contento con eso. Prefiero entregar algo incompleto antes que seguir complaciendo el egoísmo de una persona.
—Hecho, vos buscá el perejil, que yo empiezo a recalentar la salsa. ¿Tenés alguna sartén por ahí? —Che, que rompe pelotas estoy sonando. Fuera de joda, vivo pidiéndole de todo. Con que siga así, me va a mandar a la mismísima mierda.
—El perejil ya lo estoy viendo. —...ella me está mirando fijamente, eso significa que...
—Pendeja de mierda y la reputísima madre que lo re mil parió. —grito en un tono bromista. Con que yo soy el perejil, ¿eh? Bien, hora de que me ponga a pensar en otra gastada para contrarrestar la que ella me tiró, aunque pensándolo bien...me gusta cuando se ríe. Verla a las carcajadas me transmite una felicidad única, asi que le voy a dejar pasar esta.
—Ja, buena broma, ¿verdad? Soy una genia de esto —dejó de cagarse de risa y pasó a un tono mas serio—. Ya te traigo el perejil para que prepares el chimichurri. Está en esta misma cocina, asi que no voy a tardar mucho. Ve preparando eso tranquilo. —De todas formas, no pensaba esperarte mucho.
Ella caminó alegremente hasta un mueble bajo mesada con varios cajones, y del interior de uno de ellos, sacó el perejil que yo tanto estaba necesitando. Ya todo está listo. No hay posibilidad de que esto pueda fallar. Este tremendísimo asado tiene que ser todo un éxito. ¿Qué? ¿Que me olvidé del pan? Huecos argumentales. Bueno, la masa terminó de levar a último momento, asi que todavía me da tiempo de poder hacer los panes para los choripanes. Freixla ya se está encargando de amasarlos y hornearlos para después cortarlos y rellenarlos con chorizos como este...no sean malpensados. Es que tengo hambre, asi que me puse a comer uno de los que preparé para la gran cena del rey.
En cuestión de algunos minutos, el chimichurri ya estaba listo, y los panes horneados y cortados. Con la ayuda de Freixla, colocamos los chorizos en esos mini baguettes que hizo, y les dejé caer encima todo el chimichurri. En la parrilla todavía estaba el vacío, el lomo, el asado, la tapa de asado, y los bifes manteniéndose en un fuego leve para que no pierdan temperatura ni sigan asándose. Tenía ganas también de preparar una bondiola de peceto, pero no me alcanzó el tiempo. El reloj marcaba las nueve de la noche, la familia real ya estaba en la mesa esperando la comida.
Gracias a la ayuda de algunos camareros y sirvientas del castillo —que por cierto, vestían uno de esos unifomes cortitos y sensuales, parecidos al de las sirvientas francesas y, al mismo tiempo, al disfraz erótico de la mucama—, pudimos llevar toda la comida directamente hasta la mesa donde la nobleza y sus invitados esperaban. Era una gran mesa que tendría, mas o menos, unos veinte metros de largo...para que solamente haya sentadas unas diez personas. Realmente pensé que serían mas. Y yo que preparé un asado como para treinta. Bueno, por lo menos tendrán provisiones en caso de apocalipsis zombi o invasión extraterrestre.
Frente al rey, que luce una túnica roja, y está sentado en una elegante silla dorada, dejo la bandeja que contiene las sesenta empanadas santiagueñas que preparó Freixla. Él, aparentemente, está maravillado con el aspecto de esa comida. A lo largo de todo lo que queda de la mesa, dejo todo lo demás. Todos miraban con ojos felices a la comida que yo había preparado.
—Majestad, ya todo está listo. Espero que disfrute mucho de esta cena que con tanto cariño hacia usted y su gran reinado, hemos preparado a lo largo de diez horas. También espero que la comida de la Tierra logre cautivarlo lo suficiente como para contratarnos nuevamente pronto. —Freixla habla con el rey con mucho respeto, si les soy sincero, a mí me costaría un montón ser así, pero supongo que comportarme diferente una sola vez no me va a hacer daño.
—Hola chabón, ¿todo piola? ¿Cómo va la onda, turro? —Seguro que utilizando un lenguaje así, me gano todos los respetos del rey. Ustedes no pueden negarlo, saben que será así.
—Señor, no use esas palabras con su majestad, háblale con respeto. —Freixla quería seguir diciendo algo, pero el rey la paró. Menos mal, ya la estaba por mandar a la mierda.
—¿No se dirigió a mí como 'majestad'? Debe ser un sueño, por fin se me dio —me abraza muy fuerte—. Estaba muy harto de que todos se dirigieran a mí con supremo respeto tan solo porque soy el rey, escuchar a alguien que no sea de mi familia hablándome de esa forma, es increíble. —Sí, todos se sorprendieron con esa actitud, incluso ustedes. ¿De verdad creyeron que le molestaría que le hablara de esa forma? No fue así.
Aproximadamente, una hora después, todos terminaron de comer. Les encantó la comida, y dijeron que volverían a contratarme cada vez que tuvieran invitados de otros reinos. Mi trabajo está hecho. La comida argentina es algo que a nadie puede no gustarle. Es lo mas delicioso proveniente de mi anterior mundo. Bueno, ¿y ahora qué hacemos? Es de noche y todavía estamos en el castillo. No podemos salir hasta que amanezca. Seguridad.
Bueno, igual esto es algo muy grande, asi que hay mucho por explorar antes de que nos lleven a la habitación de huéspedes para dormir. ¡Que empiece la exploración!

Continuará...