Capítulo 17: "El maestro del choripán."
Bien, el fuego está prendiéndose. Los chorizos están listos para ser puestos en la parrilla. Todo marcha diez puntos. Eso sí, tremendo cagazo me pegué. No sabía que por acá el fuego se viera tan diferente. Parece una pequeña montañita amarilla que larga mucha más temperatura que el normal, y la puta madre que me estoy re cagando de calor.
—Si el 'fuego dorado' te hace sentir mucho calor, puedes refrescarte con un poco de agua fresca. Eso siempre me ayuda —Ah, mierda, este sí que es un buen ayudante. Gracias por el truquito, Lymfort—. De nada. —Esperen, ¿qué? ¿Yo dije algo? ¿Entonces qué pasa con ese "de nada"?
—¿Vos también podés leerme la mente y saber lo que pienso? —Espero que me de un no. No me gustaría que alguien como él supiera las cosas chanchas que pienso a veces...hmm, las tetas de mi vecina en la Tierra. Uf.
—Para nada. Es solamente que se notaba mucho que estabas a punto de dar el gracias. Yo solo me adelanté. A propósito, ¿hay algo más en lo que necesites mi ayuda? —Este dragón ya hizo de todo, ¿y todavía piensa seguir ayudando? Ojalá Freixla fuera como él.
—Tengo algunos problemas con el fuego, no sé como manejar este fuego dorado. ¿Hay alguna forma de poder usar el tradicional? —Exacto, no sé muy bien que tan rápido o que tan lento podría trabajar esto, asi que por las dudas me quedo con algo conocido antes que intentar algo nuevo y hacer comida horrible.
—Por supuesto. De esto me encargo yo. Aunque este fuego es mucho más fácil de controlar, entiendo perfectamente que sea diferente al que conoces. Sus temperaturas no son las mismas. —Lymfort tiró un baldazo de agua fría sobre esa "montañita amarilla", y en su lugar, escupió fuego de su boca sobre todo el carbón. Otra razón más para querer a este compañero.
—Hoy voy a asar con auténtico fuego de dragón. Muchas gracias por toda la ayuda que me brindaste. Te vuelvo a llamar cuando necesite otra vez algo de vos. —comenté. Creo que se merece un descanso, aunque sea unos minutos en paz. Después de todo, no es más que un anciano encerrado en un cuerpo de dragón.
—No pienso descansar. Ya dije que me interesa mucho su comida, quiero ver cómo la prepara. —Bueno, siendo así, que empiecen las clases del mejor maestro de la parrilla argentina.
Para empezar, agarro algunos chorizos, y con ayuda de un cuchillo, les hago un corte en el centro, pero no algo total. No quiero tener dos mitades de un chorizo, si no a uno solo que pueda abrir como si fuera un libro. Luego los apoyo sobre la parrilla con las dos partes abiertas debajo, y la parte sin cortar que mantiene unido el chorizo, arriba. Lo mismo hago con todos.
Ya cuando se están haciendo, es momento de preparar los panes. Agarro algunos panes franceses, de los comunes que consigues en cualquier panadería o supermercado, y los corto de la misma manera que a los choripanes, y al igual que eso, los apoyo en la parrilla con la parte abierta debajo, pero en la zona de menor temperatura. Hay que darle un poquito de calor, no quemarlo ni asarlo.
Luego de esperar algunos minutos y dar vuelta un par de veces los chorizos, ya están listos. Ahora agarro uno de los panes, y con una pinza de comida, a uno de esos embutidos. Lo coloco cuidadosamente sobre el pan abierto, poniendo la parte sin cortar abajo, y por lo tanto, lo abierto arriba. Ahora agarro algo de salsa chimichurri y la dejo caer sobre el centro de la parte abierta del chorizo, para luego, repartirlo por todo el mismo con una cuchara.
Ya después cierro el pan, y listo. Un auténtico choripán argentino a la orden.
—Increíble. Esto es genial, y se ve super delicioso. Vamos a probar —Lymfort le dio un pequeño mordisco algo tímido al choripán, pero se convenció en seguida—. Esto sabe muy rico. Los sabores son algo único. La textura del chorizo está excelente. Realmente se nota que sabes lo que haces. —Escuchar esas palabras es todo lo que necesitaba. Ahora estoy con las energías al máximo para continuar preparando esta tremenda choripaneada.
—Hola a todos, pasaba a saludar. ¿Cómo va todo, chicos? —De la nada aparece Freixla. Genial, a la mierda con toda la buena onda que había en esta cocina. Ella otra vez está vestida con ropa deportiva, pero de diferente color. Ahora todo es naranja flúo, chillón, espantoso.
—Excelente. Todo marcha sobre ruedas. La comida esta es sumamente deliciosa. Aunque tengo un pequeño problema —¿Qué? ¿Hay algo malo en mis choripanes?—. Esto tiene demasiada grasa, y sabemos que usted representa a la dieta y el ejercicio. ¿Segura que quiere comer esto? —Ah, era eso. Bah.
—Bueno, al representar a tales cosas, mi cuerpo contiene una magia que no me permite engordar, ni sufrir enfermedades o problemas causados por el sedentarismo. O sea que, puedo pasarme todos los días tirada en un sofá de sol a sol y comiendo puro chocolate, que seguiré teniendo un cuerpo de deportista y un corazón bien sanito. —Carajo, necesito uno de esos.
—Entonces, creo que no habrá mucho problema. No falta mucho para la comida, ve llamando a todos. Estaremos listos dentro de poco tiempo. —Si claro, tardo como unos veinte minutos con cada chorizo y recién llevamos un choripán de cincuenta. Bueno, ya estoy preparando otros cuatro, pero igual faltan muchos. Aunque estoy tranquilo, si calculo los tiempos, llego bien.
—Bueno, los dejo cocinar tranquilos. Me voy a llamar a los demás. —Eso es. Andate y no vuelvas. Dejame tranquilo junto a esta hermosa parrilla. Por cierto, eso hora de ir metiendo mas chorizos y panes.
—Lymfort, prepara un poco más de chimichurri. Vamos a necesitarlo. —avisé. Ciertamente, habían muchos choripanes para preparar, y lo que había de esa salsa, posiblemente, no alcanzara para todos.
—Lo prepararía, pero tengo un problema. Estoy casi sin ingredientes. No me saldrá bien si lo intento con lo que tengo. —Justo lo que no necesitaba. Problemas.
Continuará...
